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Impacto ambiental. El nuevo Aeropuerto de Ciudad de México.

Desastre ambiental en puertas...aún

La Ciudad de México, una de las urbes más grandes y contaminadas del planeta ha rebasado su propia sustentabilidad . El número de habitantes es inmanejable, lo cual se puede ver todos los días en las largas filas de automóviles a cualquier hora del día, la escacez de servicios básicos como el agua y la calidad del aire que se respira.

La incidencia de estos factores están afectando la salud de sus ciudadanos en índices crecientes de cáncer de pulmón, enfermedades dermatológicas y estrés laboral.

Aún peor, la ciudad lucha por mantener los pocos espacios verdes que aún le quedan para no sólo purificar el aire, sino poder hacer ejercicio y liberarse de la rutina.

El Aeropuerto y el Lago Texcoco.

Hace mucho tiempo, la Ciudad de México superó al Aeropuerto Internacional Benito Juárez de dos terminales, que es conocido por retrasos, hacinamiento y vuelos cancelados. La construcción ahora estaba en marcha de un nuevo aeropuerto internacional al este de esta metrópolis.

Se esperaba tenerlo listo a finales del 2020 después de tres años de construcción y $ 1.3 mil millones, costos inflados y corrupción de todos los gobiernos involucrados. Sin embargo, el impacto mayor no es sólo económico, sino ecológico. La zona elegida para el ahora en el limbo, proyecto de construcción, se ubica en el lago de Texcoco, una de las fuentas de agua de la Ciudad de México y refugio aún de aves migratorias como el pato mexicano, el chorlitejo de Kent y otras especies endémicas como el ajolote.

Según la evaluación de impacto ambiental del gobierno federal, 12 especies amenazadas y 1 especies en peligro viven en el área.

A mediados del siglo XX, los lagos habían sido drenados casi por completo. En 1971, el presidente Luís Echeverría decretó el área como una reserva federal, citando el papel ecológico crítico de la región para la Ciudad de México. La acumulación de pequeños lagos y tierras reforestadas allí ahora capturan y almacenan el agua de lluvia de escorrentía y evitan tormentas de polvo.

Se había empezado un proceso de recuperación que ante el crecimiento de la ciudad se decidió detener. El populismo del nuevo gobierno decidió, en principio, dar vuelta atrás, detener la construcción del mismo y construir un nuevo aeropuerto en Santa Lucía, del lado opuesto de la ciudad con nuevas preocupaciones acerca del impacto ambiental en esa zona, y las inconclusas en Texcoco.

Entre ambiguedades, cambios de opinión contradicciones y absurdos, los planes de construcción de un aliviadero al tránsito aéreo que de por sí ya contamina los cielos de una ciudad que ya casi no ve el sol ni las estrellas; afecta a la naturaleza y por ende a los mismos habitantes de la ciudad.

Lo que no entienden ninguno de los gobernantes que ha tenido la capital mexicana es que la ciudad ya desbordó la capacidad de mantener a tantas personas en un espacio geográfico ya ecológicamente agotado.

El impacto ambiental que durante décadas ha tenido la falta de control, organización y visión ha llevado a una situación incontrolable desde el punto de vista ambiental.

El problema actual no es permitir más crecimiento, más personas, más vehículos o más aviones; es la descongestión de la ciudad. Es mover fábricas y procesos de manufactura fuera de la ciudad a zonas más alejadas. Es estimular a las personas a mudarse de la ciudad y planificar nuevas ciudades de forma sustentables y reducir la densidad poblacional de la ciudad.

La solución no es tener ahora 2 aeropuertos para la ciudad, es recuperar el ambiente y la calidad de vida de sus habitantes. No es “mudar” lagos y especies endémicas, es mantener y recuperar el daño que hemos causado por la desidia y falta de visión. La ciudad lo que necesita son planes ambientales no sólo a corto plazo, sino a 10, 20 y 50 años con el compromiso de gobiernos y sociedad civil.

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