violin

Entre cuerdas y viento, la música como equilibrio del alma.

Existen muchas formas en que los seres humanos buscamos por un lado superarnos a nosotros mismos, y por otro lado estar en armonía tanto interna como con el medio que nos rodea.

Lograr el equilibrio entre lo interno y lo externo es siempre una búsqueda incansable. Para nosotros, no basta con ser sano y alimentarse bien, o con ser responsables con el ambiente; sino también alimentar nuestra alma en búsqueda de elevarnos como seres sensibles, a algo que no podemos ver, pero que sabemos que en algún lado, con el nombre que le queramos llamar, desde cualquier filosofía o religión, está en un rincón de nuestro espíritu.

La música es una de esas formas en que nos conectamos los unos a los otros, muchas veces sin palabras. Como la mirada del ser amado. No necesitamos hablar para saber y sentir al otro.

En ocasión de la celebración del 80 aniversario del Palacio de Bellas Artes de México, tuve el privilegio de asistir a la Royal Philarmonic Orchestra, dirigida por el Maestro Pinchas Zucherman, gracias a la invitación de Internations, un grupo de expatriados que en México busca conectarnos y hacernos sentir en casa, aun cuando procedamos de otros países.

No hay palabras para describir esta experiencia casi mística que viví en el Palacio de Bellas Artes, sin embargo siento la obligación con ustedes nuestros fans, de tratar con mi mejor esfuerzo de transmitirles lo que fue una experiencia única, donde los sentidos se pierden entre cuerdas y viento.

Entrar al Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México es toda una experiencia visual. Techos abovedados llenos de frescos, mármol por doquier, aire a cultura en cada rincón. Los ascensores son piezas de artes antiguo que nos traen memorias de películas en blanco y negro, de a medida que subimos en él, retroceder a una época y un espacio diferente, a una dimensión donde se respira profundo y la cotidianidad desparece.

Una vez acomodados en nuestros asientos los ojos se abren ante la magnificencia del teatro, los balcones se desprenden de las paredes y parecen querer invadir la platea, los asientos en dirección al escenario parecen querer lanzarte en medio de lo que será una fiesta a los sentidos.

Como una procesión, los músicos empiezan a desfilar en gala al escenario. Los hombres con palto levita, las mujeres con ropas negras acordes a la ocasión. Instrumentos en mano; oboes, violoncelos, flautas, violines, entre otros hacen su aparición. La ansiedad de saber lo que viene, va “In Crescendo” a medida que los músicos se sientan y comienzan a afinar.

A los pocos minutos, el director. Pinchas Zuckerman, quien para este neófito de la música clásica era un desconocido, hace su aparición. Los músicos con su silencio y actitud hacen reverencia como en un gesto de respeto y profunda admiración. El Director levanta sus manos, y la batuta se eleva por encima de los aires.La Obertura de Las Criaturas de Prometeo.

Súbitamente, los oídos se en crispan. Las vibraciones de los instrumentos hacen retumbar el teatro con una perfecta acústica. Mis oídos me engañan, y si cierro los ojos creo estar en medio de la Orquesta. Violines y Violoncelos hacen juego de armonía perfecta. Mis ojos disfrutan una fiesta visual al ver como con coordinación perfecta, los arcos se mueven casi perfectamente. Solo uno que otro músico mueve su cuerpo como poseído por la partitura que ejecuta. Los demás, siguen debatiéndose entre mirar al director o la partitura.

Las flautas contrastan pero complementan este alud a los sentidos. La música no se escucha ya, se siente. Mi cerebro me pide cerrar los ojos por un rato, y hundirme en mi asiento. Al hacerlo mis oídos se afinan, mi pecho salta con la vibración de los sonidos y siento que estoy en otro lado. El director con su batuta se ha apoderado de todos nosotros, y poco a poco rendimos nuestra voluntad, al movimiento de su muñeca y los acordes de los músicos.

Una vez finalizada esta primera parte. El público revienta en aplausos. No es sólo la ejecución impecable de los músicos, sino el agradecimiento por habernos elevado el espíritu a una altura que no sentimos a diario.

Dos asistentes se llevan la tarima roja sobre la cual el director estuvo hace apenas un minuto recibiendo tres rondas de aplausos. ¿Qué nos depara la próxima pieza?

Sorprendemente, Pinchas Zucherman aparece de nuevo al centro. ¡Esta vez con un violín en mano!

Todas las miradas al centro, quienes no teníamos idea de su perfil comenzamos a escuchar como un director puede dirigir a la orquesta no sólo con una batuta, sino con un violín.

Dedos al galope, se dispara sobre las cuerdas, no podemos seguirle el paso con la vista, la música sale aprisa y deliciosamente. Virtuoso, es el calificativo, no existe otro. Nuestros ojos esta vez no pueden estar cerrados, estamos perplejos ante la ejecución y la música por el otro lado de un director violinista que nos ha tomado por sorpresa y ha hecho suyo el escenario.

Los músicos están a su merced, el violín es batuta, la batuta es música pura que rige el escenario.

No paramos de aplaudir. El director violinista entra y sale de escenario casi avergonzado. No lo dejamos ir. ¡Bravo!, una y otra vez.

La última pieza, la Sinfonía número siete en “la” mayor, luego del intermedio no nos deja menos satisfechos que los dos primeros platos de la noche.

Nuestra alma está más arriba de nuestros cuerpos, la música nos ha arrancado de los asientos y nuestros sentidos están fuera de la carne. Estamos en armonía unos con otros en el público, todo lo mundano ha desparecido por casi dos horas.

Nos sentimos en equilibrio con todo lo que nos rodea. ¡Qué paz nos ha brindado la música! Definitivamente aquel que dijo que la música es alimento para el alma, no encontró mejor manera de expresarlo.

Hablar de música a ustedes en este espacio, no es salirnos de la línea editorial de la revista. Al contrario, es un elemento más de como por diferentes medios podemos nutrirnos y crecer como seres humanos. Hallar balance en tu cuerpo no es nada si tu alma esta turbada por el día a día, practica Mindfulness o cualquier otra actividad que te dé esa añorada paz interna.

Te invitamos a visitar en cada uno de sus países los teatros de Bellas Artes una vez te sea posible. Entrégate a la música y busca nuevas maneras de lograr tu equilibrio. Tu alma es parte de tu cuerpo, aliméntala también.

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