comida fea

No discrimines a la “comida fea”

Hace ya varias decenas de años existió una práctica común cocida como “espigar”, en la cual las personas con pocos recursos, después de una jornada de cosecha, rebuscaba en el campo los alimentos que no habían sido recogidos por considerarse “feos”.

Los terratenientes les permitían recogerlos para que pudieran consumirlos e incluso elaborar nuevos productos con ellos, por ejemplo, las mermeladas.

En la actualidad, la mayoría de los alimentos que no son cosechados por considerar que su aspecto no es agradable a la vista, son simplemente tirados a la basura. Es una práctica tan común que se ha convertido en un hábito no sólo para los agricultores, sino para todos los consumidores, situación que lamentablemente tiene grandes consecuencias ambientales, económicas y sociales.

Los cánones de belleza y el desperdicio de alimentos.

De acuerdo con información de las Naciones Unidas, un tercio de la producción anual mundial de alimentos se pierden o desprecian, lo que equivale a unos 1.300 millones de toneladas de alimento y alrededor de $6,916,000,000 pesos.

La primera discriminación de alimentos la realiza el agricultor, pero todavía existen más etapas. La siguiente se realizar por parte del comprador intermediario, es decir, los supermercados o distribuidores, para posteriormente pasar a la tercera discriminación, que es la que llevamos a cabo todos los consumidores que compramos comida en las recauderías o centros comerciales.

Actualmente la manera en la que se seleccionan los alimentos para su consumo es únicamente con una evaluación visual, por su tamaño muy pequeño o muy grande, si su forma es irregular o simplemente a criterio personal de lo que es “bonito o feo”; a pesar de que los productos no seleccionados se puedan consumir con todas las garantías alimenticias y sanitarias.

Esta comida en perfecto estado puede ser utilizada no sólo para preparar los mismos platillos que la fruta que visualmente es agradable, también puede ser aprovechada para elaborar cremas, mermeladas o dulces.

Desde el punto de vista ético y moral, el desperdicio de frutas y verduras que se desperdician cada año es cuestionable, cuando los índices de pobreza y las hambrunas que se registran en el mundo continúan en aumento. Simplemente esta pérdida de alimento es inmoral.

En algunos lugares, incluso puedes comprar comida “fea” a costos más bajos. Consumirla ayuda también a que los agricultores tengan menos desperdicios y mayores ganancias, pero es especialmente importante recordar que al comprar estos productos evitamos que millones de toneladas de comida se vayan a la basura y pueda ser consumida.

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